Rastros y ecos: las bibliotecas de los jesuitas en Sonora

Este artículo de Josué Barrera pertenece al proyecto La escritura de los yoris*

La historia de una biblioteca siempre será intrigante. Por más modesta que sea, en su interior cobija el resultado del trabajo de docenas de personas por cada uno de los libros. Al multiplicarse, encontraremos el resultado del trabajo de miles de personas a través de la historia. Esto las convierte en mercados de voces calladas, integradas por aquellos autores que concibieron y escribieron libros oficiales y prohibidos, pasando por el trabajo de las imprentas comerciales y clandestinas, quienes elaboraban y repartían papel, quienes transportaban desde Europa cajas de libros hasta quienes acomodaban los títulos en los anaqueles, por nombrar solo algunas funciones de la cadena del libro.

Conocer los orígenes de una biblioteca nos habla de los intereses de quien la concibió, de quien la construyó, seleccionó el acervo y conservó. Con esta información se establece el camino de los libros. Es decir, su suerte y destino. Las rutas por donde transitaron. En el caso de Sonora, ¿entrarían por mar a través de Guaymas? ¿Llegarían de California? ¿Pasarían por Sinaloa? ¿Cruzarían el estado de Chihuahua? En recuas de mulas o barcos, los libros fueron llegando silenciosamente.

El interés de rastrear la vida de una biblioteca es porque su acervo va cambiando con el paso del tiempo. Así como se nutren con nuevos libros, hay otros que desaparecen de sus anaqueles. El último inventario de una biblioteca nunca coincidirá con el primero, porque los libros siempre han sido codiciados y apetecidos. Siempre han tenido vida propia.

Los miembros de la Compañía de Jesús formaron las primeras bibliotecas en Sonora. Se infiere que cada misionero llegaba con un libro bajo el brazo, por lo que se puede entrever que cada Misión tenía, mínimo, un par de libros. En aquellos lugares en donde había un Colegio la biblioteca era mayor. Reducida o amplia, las bibliotecas de los jesuitas eran exclusivas para ellos. También hubo bibliotecas esporádicas que estuvieron poco tiempo en el territorio, ya que sus dueños, al trasladarse a otros puntos del país, se la llevaban consigo.

Si bien es cierto que el periodo de los jesuitas en Sonora ha sido estudiado recurrentemente, aún quedan vacíos por conocer. Su quehacer en el estado fue tan arduo, que no hemos dimensionado todo lo que hicieron en nuestro territorio. Si a esto se suma que gran parte de sus archivos y pertenencias desaparecieron, fueron quemados o robados al ser expulsados, solo nos queda investigar rastros, sombras y ecos de aquellas bibliotecas.

Lo que se conoce es lo siguiente:

De acuerdo con Carlos Salas en su libro sobre la historia de las bibliotecas en Sonora, el registro más antiguo de una se remonta a la del Colegio de Mátape en 1684. Aunque su acervo no fue abundante, se asegura que integró libros de carácter teológicos, filosóficos y morales, sin rebasar los cien títulos. Cuando los jesuitas fueron expulsados, en 1767, el visitador José de Galvez ordenó reunir todos los libros de las misiones en la biblioteca de este colegio. Aún se desconoce el destino final de dicho acervo.

En 1699, el padre y médico Juan de Esteyneffer, pidió una licencia para traer un cajón de libros de España al noroeste de México.[1] Referido por el Doctor Bernd Hausberger, el padre Felipe Segesser encontró en 1743 una biblioteca en Ures con más de 200 libros, conformados no solo con títulos religiosos, sino con obras clásicas de la literatura como Cicerón, Virgilio y poesía de Sor Juana Inés de la Cruz.[2]

En un inventario levantado en 1760 de la misión de Batuc, se contaban 12 libros. Este dato es referido también por Carlos Salas. De acuerdo con un inventario realizado por fray Juan Díaz de la Misión de Ures en 1776, y recopilado por Rodolfo del Castillo y José Marcos Medina[3], esta misión tenía dos estantes de madera con 319 libros entre brevarios, biblias, concordancias, predicables, historiales.

En 1778, el fray Pedro de la Cueva, informó que los libros de la Misión de Sahuaripa fueron llevados al Colegio de Mátape por orden del visitador Gálvez. Sin embargo, logró hacer el inventario de aquellos títulos que se quedaron en aquel lugar, los cuales sumaron 44 libros. Entre 1779 y 1781, se informa que la biblioteca de la Misión de Arizpe dirigida por el franciscano Agustín de Morfi, constaba de más de 150 libros.

Entre los pocos testimonios de lectura que existen en el noroeste, está el del padre Juan Jacobo Baegert, quien radicó en la Misión de Baja California. A través de sus cartas pedía que le enviaran libros, pero dado que el costo era muy alto en México, solicitaba que se los enviaran su familia desde Europa. Otro testimonio es el padre Miguel Gerstner, quien solicitaba desde Sáric, un atlas o libros de historia. La lectura y escritura de los padres siempre fue una actividad constante que mitigaba la soledad y la lejanía.[4]

Aunque existen estos registros que en los últimos años han sido difundidos, es de sorprendernos que hasta el momento no se ha registrado biblioteca cercana a Eusebio Francisco Kino. Irónicamente, varias bibliotecas en el mundo llevan su nombre. ¿Cómo estaría ligado a la escritura y al pensamiento intelectual de la época con solo dos o tres libros religiosos a su alcance? Aunque sus textos son crónicas del día a día o correspondencia sobre lo que hizo o solicitando requerimientos, no se trata de ensayos o tratados científicos. Seguramente en la Ciudad de México fue la última vez que visitó una biblioteca.

Lo mismo sucede con otro personaje clave en la primera etapa de las misiones en Sonora: Andrés Pérez de Ribas. Aunque su libro Triunfos de la Santa Fe lo escribió años después en el centro del país, no menciona referencia alguna sobre bibliotecas, libros o escritura en su estancia en el noroeste.

¿Los jesuitas soñarían con libros? ¿Alguno de ellos habría deseado estar en una biblioteca en vez de ofrecer misa en medio del desierto? ¿Qué leían a parte del material religioso? Historia, tratados filosóficos y biografías de santos. Muchos de ellos tuvieron folios sueltos o un legado de manuscritos de otros jesuitas que se fueron pasando de mano en mano. ¿Soñarían con novelas de caballería? ¿Harían anotaciones en los libros?

Para entender mejor este periodo, debemos considerar que la lejanía con el centro del país limitaba el tránsito del libro. Resultaba costoso comprar títulos procedentes de Europa y más aún enviarlos hasta el noroeste. Otro punto relevante, nos lo cuenta el Dr. Hausberger, era que algunos padres tenían la suerte de recibir anteojos adecuados, mientras que otros recibían monóculos con una graduación que no era la suya. Esto influía, de alguna manera, en la lectura, escritura.

¿Alguno de los libros que integran las bibliotecas de la Compañía de Jesús habrá sobrevivido a sus primeros dueños, a los saqueadores, al calor y al paso del tiempo? ¿Cuántas bibliotecas ocultas habrá? ¿Existirá una biblioteca enterrada o atrapada entre las paredes de un templo? Lo más probable es que al ser expulsados los jesuitas, una gran parte de sus libros fueron enviados a las bibliotecas del centro del país. Sin embargo, como lo vemos, hay registro de cientos de libros que sobrevivieron. ¿En dónde estarán? ¿Cuál habrá sido el destino de esos títulos?

La Sierra de Sonora, anclada en lo alto y golpeada por el viento de la historia, puede haber conservado algunos ejemplares del siglo XVII o XVIII. En medio de la música de banda, de ríos de bacanora y de exploraciones mineras, un libro antiguo nos puede estar esperando para contarnos algo que hoy en día nadie conoce.


[1] Mathes, Michael. Bibliotecas de las Misiones de Baja California. Consultado el 13 de abril en: https://novohispana.historicas.unam.mx/index.php/ehn/article/view/3324/2879

[2] Hausberger, Bernd. Vida cotidiana de los misiones jesuitas. Consultado el 15 de marzo en: https://journals.iai.spk-berlin.de/index.php/iberoamericana/article/view/483

[3] Del Castillo López, Rodolfo y José Marcos Medina Bustos. “La Misión de Ures de 1776”. Misiones del Noroeste de México. Origen y destino. 2008. Forca, 2012.

[4] Hausberger, Bernd. Vida cotidiana de los misiones jesuitas. Consultado el 15 de marzo en: https://journals.iai.spk-berlin.de/index.php/iberoamericana/article/view/483

*La escritura de los yoris es un artículo de Josué Barrera. Es una producción artística realizada con el Estímulo Fiscal para la Cultura y las Artes del Estado de Sonora (EFICAS) 2020.

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