La escritura de diarios en Sonora: 1774-1849

Por Josué Barrera

Juan Bautista de Anza no solo abrió el camino terrestre de Sonora a California, sino que también abrió los senderos de la escritura en nuestro territorio.

La escritura de diarios va ligada a la crónica, sin embargo, este segundo género ha tenido, desde Cabeza de Vaca hasta los últimos jesuitas, un apego al informe oficial de las acciones realizadas. Antes de la llegada de la Compañía de Jesús, los primeros conquistadores escribieron sus informes una vez que regresaron a su lugar de origen. En cambio, los jesuitas, en la gran cantidad de crónicas que escribieron, sobresale su actividad ligada a las acciones propias del cristianismo. Pocos escribieron sobre su cotidianeidad, como el caso de Ignacio Pfefferkorn.

Fue así que la crónica, el primero género escrito en Sonora, estuvo ligada por muchos años a una visión oficial descrita por ojos extranjeros. Ningún jesuita del siglo XVII y XVIII nació en territorio sonorense, por lo que su visión de las cosas siempre resultó ajeno a la cosmovisión de las personas originarias.

De acuerdo con el historiador Julio César Montané, los primeros indicios de diarios escritos en Sonora que cumplen ciertas características de género, los encontramos en los textos de Juan Matheo Mange y Francisco Eusebio Kino.

Juan Bautista de Anza; diario del primer viaje a la California. 1774 –  Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa

Cuando Juan Bautista de Anza relató su primer día de expedición en su diario el 8 de enero de 1774, desconocía que estaba inaugurando una nueva etapa en la escritura en Sonora, dado que es la primera persona nacida en el territorio sonorense (en Fronteras), que se conoce que haya escrito un diario con una intención narrativa sin ser religioso. Tal vez valga la pena preguntarnos: ¿este hecho marca el inicio de la literatura sonorense? Si así fuera, podemos asegurar que el primer lector de la literatura sonorense fue, ni más ni menos, que el virrey de la Nueva España fray Antonio María de Bucareli y Ursúa.

Su texto abarca los géneros de la crónica, el informe y el diario. Asimismo, todo parece indicar, por lo que señala y la manera en que narra, que sí escribía cada día, posiblemente al término de la jornada. Los 30 soldados que lo acompañaron, nunca se imaginaron que eran personajes de la primera travesía escrita por un sonorense. Con ese primer diario, De Anza abrió un nuevo camino por donde transitarían franciscanos, exploradores, viajeros y esa nueva raza mestiza que después se conocería como sonorense.

Lo que leerán a continuación (respetamos la redacción original), son los primeros días de la primera exploración de Juan Bautista de Anza. De ser cierta la hipótesis de que es el primer escritor sonorense, las siguientes líneas inauguran la tradición en nuestro estado:

Sábado día 8 de enero de 1774, dispuesto todos los citados anterior la mañana de el, se cantó una misa con la solemnidad que permite el país para implorar el divino auxilio en esta expedición nombrándosele por sus protectores á la beatísima Trinidad, y el misterio de la concepción Inmaculada de María Sma.

Después de lo dho, y a la una de la tarde se comenzó la marcha y caminada una legua se hizo alto para pasar la noche en el vado de San Javier del Bac.

Domingo día 9 á las ocho de la mañana, con rumbo al sur sudueste, se tomó el camino Real para los Pueblos, que de la nación Pima llamados del Poniente y para el Presidio del Altar que se sitúa entre ellos como y es de los de la Prova de Sonora el más avanzado del Golfo Californico.

Aunque por las referidas partes era escusado el emprender esta ruta á causa de que el puerto de Monte Rey, ó sus inmediaciones lo debíamos solicitar al Noruoeste del Presidio de mi cargo para el que no se duda hay salida á los ríos Gila, y el Colorado, obligó á variar esta resolución, que siempre quise tomar, los motivos siguientes. El primero ir como mas seguro por el rumbo, ó terreno que trajo hasta la Pimeria un natural de la California (Sebastián Tarabal), que se huyó de la nueva Misión de Sn Gabriel (que según su informe casi media entre el Puerto de San Diego y Monte Rey) y de donde salió a los expresados ríos, de los que si se puede giraré en derechura al último dho Puerto, si indicare, ó supiere por alguna nación, de los gentiles, hay por aquella parte la abundancia de pastos, y aguas que refiere el mencionado natural, obserbó por la que el transito, cuyo particular tengo participado á S.E.

El otro es el que haviendo atacado, crecido numero de Apaches el dia dos ultimo anterior de la caballada de mi Presidio robaron de ella como 130 caballerías, en las que se incluyeron muchas de las destinadas y reservadas para esta empresa, cuya pérdida no es posible reparar en mi Presidio y sus inmediaciones, ni las circunstancias de quedar expuesto á mayor pérdida, las que escaparon y de irseme pasando la mejor estación para esta jornada no me podia detener mas tiempo por lo tanto,  y haver mayor proporción de reemplazar parte de lo perdido en los pueblos resolvi mi paso por ellos á donde le suplique á el Governador de las Provincias, diese sus providencias a mi ingreso por ellos para que me facilitasen las que necesito para mi total havilitación.

La labor exploradora de De Anza, así como también su escritura, va ligada a la labor de Kino. Al cruzar rumbo a California por tierra, demostró que no se trataba de una isla y logró el ideal de Kino que era establecer rutas comerciales. En su expedición al norte, los padres franciscanos que lo acompañaron también son autores de interesantes diarios, como es el caso de Fray Juan Díaz que escribió del 8 de enero al 8 de abril de 1774, y del 3 de mayo al 23 del mismo mes, y el diario de Francisco Garcés que describió lo sucedido del 6 de enero al 26 de abril de 1774.

Fray Pedro Font es otro autor que escribió un diario al acompañar a De Anza. Fernando de Ribera y Moncada escribió Diario del Capitán y Comandante Fernando de Ribera y Moncada. En 1775, fray Tomas Eixart escribió un diario en donde relató su experiencia al acompañar también a De Anza.

El siguiente diario que se tiene registro, es el escrito por el fray Agustín de Morfi entre 1777 y 1781 durante su paso por nuestro territorio. Este es uno de los personajes con quien vale la pena detenerse un poco. Se le conoce su interés en recolectar documentos y libros. Al final de su vida, poseía una biblioteca valiosa con una amplia variedad de acervo bibliográfico. No solo vivió en Sonora sino que también acompañó expediciones, y escribió al respecto, sobre su paso por lo que hoy es Nuevo México, Texas y otros territorios. Diario y derrotero es el título en donde reúne su andar por el noroeste, deteniéndose en la vida cotidiana de Arizpe. Otro diario que es importante es el de Pedro Fages que describió su aventura de campaña contra los Yumas entre 1781 y 1782. Pedro Rivera y Nicolás Lafora escribieron textos que pudieran parecer diarios pero eran más bien informes dado que ambos tenían el rango de visitador.

El interés de conectar Sonora con California continuó varias décadas. En 1825, el viajero inglés Robert William Hale Hardy, exploró varias zonas de México, entre ellas el territorio de Sonora. En el diario que escribió, señala interesantes descripciones de los lugares que visitó. Su libro Travels in the interior of México se ha convertido en un clásico de la literatura de viaje. Veinte años después, en 1845, se escribieron dos diarios que describen la intención de apoderarse de la Isla Tiburón con el objetivo de convertirlo en punto clave para el comercio con California. Tomás Spence, capitán de la expedición y Francisco Andrade, coronel de milicias auxiliares, relataron los sucesos en sus respectivos diarios. Dos décadas después, el capitán Spence heredó en 1965 una amplia biblioteca a sus hijos en la ciudad de Guaymas.

Finalmente nos encontramos con el diario escrito por un civil en 1849: José Elías. Se sabe muy poco de él. Su texto lo recopila José Francisco Velasco en el libro Noticias estadísticas del Estado de Sonora, publicado en 1850. Sabemos que José Elías salió de Caborca con rumbo á California atraído por la fiebre del oro.

Leamos los primeros tres días de su diario:

Día 14 de marzo de 1849

Este día,  en compañía de don Dionisio González, salí de Caborca para la bonanza de California; anduvimos nueve leguas hasta que un paraje despoblado que le nombran el soquete ,  y pasamos por el puerto de agua salada ,  antes del cual están unos chupaderos de agua. Nuestra dirección fue rumbo al noroeste.

Día 15

Al mismo rumbo caminamos hasta el mineral del soñé, como 10 leguas, habiéndonos reunido con el camino real que viene del altar.

Día 16

salimos en la tarde, y á una legua del camino está el carricito, aguaje que queda á la derecha del camino, á la falda de un cerro alto. Nuestra dirección fue al oeste ,  hasta pasar por un puerto, antes del cual está un gran bosque de jojoba, cuyos arbustos están en flor. Pasado el puerto, en un punto que llaman el Soto lar, hicimos noche, después de haber caminado como siete leguas, desde el Sony hasta allí punto el paraje no tiene.

¿Qué sucedió en Sonora durante este período?

Durante el periodo que nos concierne, de 1774 á 1843, Sonora vivió cambios significativos: en 1776 designó Arizpe como la capital de las Provincias Internas de la Nueva España. En 1783 llegó el primer Obispo de Sonora, el franciscano fray Antonio de los Reyes, a cargo de lo que hoy es Sinaloa, Sonora y California. El Obispado de Sonora abarcaba literalmente todo el noroeste. Aunque algunos obispos vivieron en Álamos y otros en diferentes poblados de Sinaloa, su lugar de acción cubría Sonora.

En 1821 se juró la Independencia en Arizpe. En 1831 se estableció el Estado de Sonora, sin embargo, el Obispado seguía abarcado todo el noroeste. Al surgir la fiebre del oro en California, entre 1848 y 1855, muchos pobladores sonorenses se fueron a probar suerte. El camino planteado por Kino y establecido por De Anza, estaba arrojando frutos. En este contexto, en 1849, el diario de José Elías, un civil que sale de Caborca rumbo á la bonanza de California, cobra un significado especial. Se trata de un testimonio honesto que, junto con un amigo, decide buscar un mejor futuro al norte. En su andar se van encontrando a una gran cantidad de gente que también busca nuevas oportunidades.

Sin embargo, la conexión entre Sonora y California llegó a su fin en 1854 con el Tratado de la Mesilla. Desde entonces, entre las dos zonas hay una frontera que limita el comercio, el flujo de gente y las exploraciones. En medio de todos estos cambios sociales, políticos y económicos, se escribieron los diarios que describimos.

Como se aprecia, la fiebre del oro y la conexión con California influyeron en la escritura. Ni qué decir de los extranjeros que llegaron a las costas de California trayendo consigo distintos ejemplares que, por lo menos algunos pocos, terminaron en el territorio sonorense. Es en este periodo es cuando se escriben y publican las primeras novelas de aventuras ambientadas en el noroeste escritas por autores franceses. El desierto, el oro y las luchas con los apaches se convierten en escenas literarias recurrentes que después pasan a formar parte del cine.

De 1774 á 1849, fueron cerca de setenta y cinco años de escritura de crónicas, cartas y diarios. Desde Juan Bautista de Anza, el padre Morfi, fray Pedro Font, fray Tomás Eixarch, hasta Tomás Spence y José Elías, todos se han preocupado por describir lo que viven como una muestra de su andar en el mundo. Mientras escribían sus diarios, no se daban cuenta que sus descripciones cotidianas abonaban a una tradición de escritura en la región, trazaban el camino de la literatura a través de su tinta y abonaban a los estudios históricos del porvenir.

*El presente texto forma parte del proyecto La escritura de los yoris apoyado por el Estímulo Fiscal para la Cultura y las Artes de Sonora.

2 comentarios en “La escritura de diarios en Sonora: 1774-1849

  1. Sin duda son documentos esenciales de la historia de Sonora.
    Ha sido apasionante su lectura.
    Aunado a la clara precisión de como amplias regiones de nuestro estado, hacia 1800, vivíamos aun “precolombinamente”, cuando ya existía la Nueva España.

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